La escuela de Guadalupe fue fundada en 1886; en ella se impartía de primero a tercer año, por lo que los niños que deseaban continuar con la educación primaria debían hacerlo en las escuelas de la ciudad de Cartago. Desafortunadamente, el terremoto del 4 de mayo de 1910 causó serios destrozos al edificio, lo que obligó a su demolición.
Durante la administración de León Cortés Castro se levantó un hermoso y amplio edificio con una estructura envidiable, propicia para un centro educativo, en especial por la luz y la ventilación. Una glorieta hacia el centro de los jardines coronaba el conjunto de la construcción, mientras en la parte frontal fueron colocadas varias placas metálicas, artísticamente diseñadas, con alegorías a la enseñanza, las ciencias y las artes.
Concluida la obra se consideró oportuno bautizar la escuela para darle una distinción definitiva. Para tal efecto, algunos miembros de la junta presentaron a consideración el nombre del Pbro. Juan de Dios Trejos, distinguido prelado oriundo del distrito quien había descollado en el ámbito político nacional. Por su parte, otros impulsaron el nombre de Carlos J. Peralta Echeverría, cafetalero y empresario que se había distinguido como benefactor de la comunidad y quien incluso había donado gran parte del mobiliario para el nuevo edificio. La decisión se inclinó por Don Carlos J. Peralta, cuyo nombre fue inscrito en grandes letras de molde en la parte central y alta del edificio.
Don Carlos J. Peralta Echeverría fue doctor en dentistería, como se llamaba antes a los odontólogos; sus padres fueron don Bernardino Peralta Alvarado y doña María Echeverría Alvarado, según consigna don Jesús Mata Gamboa en su monograf&oiacute;a de Cartago. Además, fue un entusiasta deportista, miembro del primer equipo del Club Sport Cartaginés (hoy Club Deportivo Cartaginés) y uno de los introductores del fútbol en nuestro país.
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